Avión de papel hecho con dólares que llega desde Estados Unidos al centro de México, junto a monedas mexicanas.

¿Qué tan importantes son las remesas para México?

Detrás de cada envío hay trabajo, distancia y una familia. Su importancia se mide en miles de millones de dólares, pero también en despensas, medicinas y comercios que siguen abiertos en las comunidades receptoras.

Corte informativo: 14 de octubre de 2026 · Último dato mensual: agosto de 2026.

Para una familia, una remesa puede ser la diferencia entre completar los gastos del mes o posponer un pago. Cuando esa situación se repite en numerosas viviendas de una misma localidad, el efecto alcanza a la tienda, al transporte y a quienes trabajan en la construcción. Así, el dinero ganado fuera del país termina formando parte de la vida económica cotidiana dentro de México.

Las remesas son recursos privados enviados desde el exterior, principalmente para apoyar a familiares. Su llegada aporta divisas y capacidad de compra. Para comprender su relevancia conviene recorrer dos escalas: la historia que construyó esos vínculos y el peso que hoy tienen en hogares y regiones.

Una frontera compartida y una historia de movilidad

La cercanía geográfica entre México y Estados Unidos ha facilitado una relación migratoria persistente. A comienzos del siglo XX, los ferrocarriles, la demanda de trabajadores y las redes entre comunidades conectaron lugares de origen mexicanos con empleos al norte de la frontera. Durante la Revolución mexicana también hubo desplazamientos hacia Estados Unidos. La intensidad y la dirección de los movimientos cambiaron con las circunstancias: la Gran Depresión de los años treinta trajo retornos y repatriaciones. La vecindad abrió rutas; el empleo, las crisis y las políticas migratorias determinaron quién podía recorrerlas y en qué condiciones.[1]

La Segunda Guerra Mundial impulsó una nueva etapa. El Programa Bracero, vigente entre 1942 y 1964, organizó la contratación temporal de trabajadores mexicanos, principalmente para labores agrícolas en Estados Unidos. La experiencia dejó relaciones laborales y familiares que trascendieron los contratos. Tras su conclusión, la movilidad continuó por otras vías y las redes migratorias ayudaron a encontrar trabajo, alojamiento y contactos para quienes llegaban después.[2][4]

Las crisis de 1982 y 1994–1995 reforzaron la búsqueda de ingresos

La crisis de deuda de 1982 abrió una etapa de ajustes económicos en México. Más de una década después, la crisis cambiaria iniciada en diciembre de 1994 y profundizada en 1995 volvió a golpear a la economía. Sus consecuencias se extendieron durante los años siguientes: por eso, al hablar de la migración de mediados de los ochenta y de 1996, es necesario mirar los choques que las precedieron.[3]

El deterioro de las oportunidades de ingreso reforzó el atractivo de trabajar en Estados Unidos. Ese impulso se sumó a una relación laboral ya existente: demanda de mano de obra del otro lado de la frontera y redes que reducían las dificultades de migrar. Con más familias vinculadas a ingresos obtenidos en el exterior, los envíos adquirieron un lugar creciente en sus presupuestos. El auge de las remesas se fue consolidando durante años, junto con cambios en la migración y en los canales para transferir dinero.[4]

De miles de millones a una corriente económica permanente

La serie histórica compilada por CONAPO, con información del Banco de México, permite observar la transformación: México recibió alrededor de 2,494 millones de dólares en 1990; en 2000 fueron 6,573 millones, y para 2024 esa edición registraba 64,746 millones. Son dólares de cada año: la comparación muestra la expansión nominal del flujo, sin descontar la inflación.[5]

Remesas anuales de 1990 a 2024, en miles de millones de dólares corrientes.
La tendencia de largo plazo combina expansión y retrocesos. La gráfica utiliza una sola edición de la serie histórica para evitar mezclar revisiones.

La trayectoria también refleja lo que ocurre en Estados Unidos. La crisis financiera y la debilidad de sectores como la construcción afectaron los ingresos de trabajadores migrantes y los envíos a sus familias. Además, una parte del crecimiento registrado a comienzos de los años dos mil estuvo asociada a mejoras en la cobertura estadística. Por eso, un salto en las cifras no puede interpretarse automáticamente como un aumento equivalente de personas que emigraron.[6]

¿Dónde estamos en 2026?

De acuerdo con el Banco de México, en su reporte del 1 de octubre de 2026, entre enero y agosto ingresaron 41,802 millones de dólares, un 2.2% más que en el mismo periodo de 2025. En agosto, por separado, llegaron 5,452 millones, con una caída anual de 3.6%. El acumulado conserva crecimiento, aunque el último mes disponible muestra un retroceso.[7]

Enero a agosto: 40,903 millones de dólares en 2025 y 41,802 millones en 2026.
Se comparan ocho meses contra ocho meses. El resultado no anticipa el cierre de 2026.

El mismo reporte sitúa el total revisado de 2025 en 62,472 millones de dólares. Las cifras pueden cambiar conforme se actualiza la información. A su vez, el 99.1% del monto recibido entre enero y agosto de 2026 llegó por transferencias electrónicas, un canal central para esta conexión entre trabajadores y hogares.[7]

La relación con Estados Unidos es especialmente estrecha: en 2024, 96.6% de las remesas recibidas por México procedió de ese país, según el análisis de BBVA Research sobre los registros del Banco de México. Esa concentración vincula la economía familiar de muchos hogares mexicanos con las condiciones laborales al norte de la frontera.[8]

En algunas regiones, las remesas son un soporte económico decisivo

El promedio nacional oculta contrastes profundos. BBVA Research estimó, con la información disponible en marzo de 2026, que las remesas recibidas en 2025 equivalían al 13.9% del PIB de Guerrero y de Chiapas. Las proporciones eran de 10.7% en Oaxaca, 10.5% en Michoacán y 9.9% en Zacatecas, frente a 3.4% para el país.[9]

Relación estimada remesas entre PIB en 2025: Guerrero y Chiapas 13.9%, Oaxaca 10.7%, Michoacán 10.5%, Zacatecas 9.9%, México 3.4%.
Estimaciones de BBVA Research publicadas el 2 de marzo de 2026. Comparación de escala económica, no participación de las remesas dentro de la producción.

Estos porcentajes dimensionan un flujo de gran tamaño frente a la actividad de cada entidad. Las remesas no forman parte del PIB: son transferencias desde el exterior. Tampoco se distribuyen por igual entre los habitantes. Su importancia se concentra en los hogares y localidades que las reciben, y desde ahí se extiende mediante el gasto.

Pensemos en una comunidad con muchas familias receptoras. Si parte del dinero se usa para comprar alimentos, el comerciante obtiene ventas; si se destina a reparar una casa, genera demanda de materiales y trabajo; si permite pagar traslados, sostiene servicios locales. Esta cadena explica cómo las remesas pueden contribuir a sostener la actividad de comunidades enteras, incluso entre personas que no reciben un envío directamente. La intensidad del efecto depende de cuánto se gasta dentro de la localidad y cuánto sale hacia proveedores de otras regiones.

El dato que acerca la historia a los hogares. Un análisis de CONAPO basado en la ENIGH 2024 estimó 1.53 millones de hogares receptores, equivalentes al 3.95% del total nacional. Entre esos hogares, las remesas representaron, en promedio, 29.8% del ingreso corriente: aproximadamente tres de cada diez pesos. Es una medida de los hogares receptores, no de todas las familias mexicanas.[10]

La encuesta de hogares y los registros de transferencias observan fenómenos distintos y no deben sumarse entre sí. El indicador del ingreso permite reconocer la dependencia familiar; por sí solo no revela qué proporción de cada envío se destinó a comida, salud, educación o ahorro. Para conocer esos destinos se requieren preguntas y análisis específicos.[10]

También importa cuántos pesos se reciben y qué pueden comprar

El monto en dólares es solo una parte de la historia. El presupuesto familiar se paga principalmente en pesos, de modo que intervienen el tipo de cambio, las comisiones y los precios locales. Si una persona envía 400 dólares y cada dólar se convierte en 20 pesos, antes de comisiones llegan 8,000 pesos. Si el tipo de cambio baja a 18, el mismo envío se convierte en 7,200: una diferencia de 800 pesos.

Ejemplo hipotético: 400 dólares equivalen a 8,000 pesos con tipo de cambio de 20 y a 7,200 con tipo de cambio de 18.
Ejemplo ilustrativo, sin cotizaciones actuales, comisiones ni ajuste por inflación.

Por eso, un aumento de las remesas medido en dólares puede coexistir con presión sobre el bolsillo de quienes las reciben. Para evaluar su poder de compra hay que convertirlas a pesos y considerar cuánto subieron los bienes y servicios que consume la familia.

Un respaldo enorme que depende del trabajo y la distancia

La fortaleza de este vínculo también crea exposición: perder horas de trabajo en Estados Unidos, enfrentar una emergencia o pagar más por transferir dinero puede reducir el apoyo disponible en México. En una localidad donde muchos hogares dependen de los envíos, una disminución persistente puede sentirse también en las ventas y en el empleo local.

Las remesas amplían opciones y ayudan a enfrentar gastos, pero la estabilidad de una comunidad también requiere empleos, servicios públicos e inversión. Son recursos de las familias y reflejan el esfuerzo de quienes trabajan fuera del país, junto con el costo personal de vivir separados.

Su relevancia para México es, por tanto, nacional, regional y familiar. Aportan una corriente considerable de divisas; en determinadas entidades alcanzan una escala extraordinaria frente a la economía local; y en los hogares receptores cubren una parte sustancial del ingreso. La cifra más importante termina traduciéndose en algo concreto: la capacidad de una familia para sostener su vida cotidiana.

Fuentes y notas de los datos

Consulta y corte editorial: 14 de octubre de 2026. La gráfica histórica utiliza la edición de CONAPO de marzo de 2026 hasta 2024; puede diferir de revisiones posteriores de Banxico. Para 2025 y enero–agosto de 2026 se usa el reporte de Banxico del 1 de octubre de 2026. Las razones remesas/PIB conservan las estimaciones de BBVA de marzo de 2026 y no se recalcularon con las revisiones posteriores. ENIGH 2024 corresponde a hogares encuestados; no equivale al universo de operaciones registradas por Banxico.

  1. CONAPO: migración de retorno, perspectiva histórica
  2. Jorge Durand: el Programa Bracero, 1942–1964
  3. Banco de México: semblanza histórica y crisis económicas
  4. CONAPO: Migración México–Estados Unidos, continuidad y cambio
  5. CONAPO: serie histórica de remesas, edición de marzo de 2026
  6. Banco de México: informe trimestral de 2008, cobertura de remesas y coyuntura estadounidense
  7. Banco de México: remesas de agosto de 2026, publicado el 1 de octubre de 2026
  8. BBVA Research: origen de las remesas en 2024
  9. BBVA Research: peso de las remesas frente al PIB estatal, marzo de 2026
  10. CONAPO: remesas, perspectivas macroeconómica y microeconómica; ENIGH 2024

Descargar los datos de las gráficas (CSV).

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